Por Annia Flores y Alfonso Santistevan, asistente de archivo y director de CEDARES, respectivamente

El 22 de junio de 1961 se fundó el Teatro de la Universidad Católica (TUC) por disposición de monseñor Fidel Tubino Mongilardi, entonces rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Su origen se encuentra en la iniciativa de un grupo de estudiantes que, motivados por su interés en el teatro, buscaron la orientación de Ricardo Roca Rey, quien recomendó a un joven Ricardo Blume, recién llegado de España, para asumir la dirección del proyecto. Su primer encuentro con sesenta y siete jóvenes en el Aula Magna de la Plaza Francia marcaría el inicio de esta nueva etapa. Bajo la dirección de Blume, comenzó a organizar sus actividades artísticas y formativas, aun cuando en sus primeros años no contaba con un local propio ni con una estructura académica consolidada. Pese a ello, el 14 de diciembre presentó sus primeras producciones: Tristán e Isolda de León Felipe y La tinaja de Luigi Pirandello, funciones que constituyeron la primera presentación oficial del grupo.

Dr. Onorio Ferrero, Violeta Cáceres, Ricardo Blume, monseñor Fidel Tubino, Hermán Romero, Aniko Csörgey, Humberto Medrano, Carito D’Angelo y Daniel Ulloa. Fotografía grupal de la presentación de los montajes de Tristán e Isolda de León Felipe y La tinaja de Luigi Pirandello, dirigido por Ricardo Blume. Fotografía de Claudio M. Malarin. Fondo Ricardo Blume. CEDARES.
Fragmento del programa de mano del montaje La tinaja de Luigi Pirandello, dirigido por Ricardo Blume. Fotografía de Claudio M. Malarin. Fondo Ricardo Blume. CEDARES.

Durante sus años fundacionales, el TUC desarrolló una intensa actividad artística centrada en la puesta en escena de las obras de repertorio clásico español y universal, así como del repertorio peruano moderno. En 1962, estrenó Auto del Maná de autor anónimo, Paso primero de Lope de Rueda y Los habladores de Cervantes, en la Asociación de Artistas Aficionados (AAA).

Fragmentos del programa de mano de los montajes Auto del Maná de autor anónimo, Paso primero de Lope de Rueda y Los habladores de Cervantes (1962), dirigidos por Ricardo Blume. Fondo TUC. CEDARES.

El montajeLa siega (1962) de Lope de Vega, presentado en el Instituto Riva-Agüero, constituyó uno de sus grandes éxitos, recibiendo un extraordinario reconocimiento de la crítica y obteniendo los premios “Anita Fernandini de Naranjo” al mejor conjunto teatral del año y a Ricardo Blume como mejor director escénico. 

Afiche del montaje La siega (1962) de Lope de Vega, dirigido por Ricardo Blume. Fondo Samuel Adrianzén. CEDARES
Fragmento de nota de prensa sobre la entrega de premios “Anita Fernandini de Naranjo” (1962). Fondo Ricardo Blume. CEDARES

El trabajo desarrollado durante sus primeros años favoreció el crecimiento sostenido del TUC. Sus actividades se trasladaron del Aula Magna a un altillo en la Casa Riva-Aguero y, posteriormente, al local de Camaná 975, espacio estrechamente ligado a su historia institucional. La incorporación de docentes especializados fortaleció la formación teatral y se consolidó en 1963, con la creación de la Escuela del TUC. 

Local del TUC en Camaná 975. Fotografía de autor no identificado. Fondo TUC. CEDARES.

Concebida inicialmente como un programa complementario, la escuela incorporó cursos de Actuación, Historia del teatro, Caracterización e Impostación de la voz, impartidos por docentes como Ricardo Blume, Onorio Ferrero, Pablo Fernández y Silvio de Ferrari. Esta iniciativa formalizó una vocación pedagógica que había acompañado al TUC desde sus inicios y sentó las bases para el desarrollo de futuras estructuras académicas dedicadas a la enseñanza teatral.

Paralelamente, el grupo continuó ampliando su repertorio con montajes como Los empeños de una casa de Sor Juana Inés de la Cruz, La verdad Sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón y El servidor de dos amos de Carlo Goldoni, dirigidos por Blume. En 1964, realizó su primera presentación fuera de Lima con La siega en la ciudad de Chiclayo, ampliando el alcance de sus actividades. Ese mismo año se inició el ciclo de “Teatro íntimo”, concebido como un espacio para la experimentación escénica y la formación de nuevos directores, experiencia que se prolongó por los años siguientes. 

Ricardo Blume y Humberto Medrano en los ensayos del montaje de Los empeños de una casa (1963), dirigido por Ricardo Blume . Fotografía de Foto Art. Fondo TUC. CEDARES

La década de 1960 estuvo marcada por una constante expansión artística y académica. El TUC incorporó progresivamente obras de dramaturgos contemporáneos y promovió la creación nacional, mediante el estreno de textos de autores nacionales vinculados a la propia institución, como Julio Ortega y Sarina Helfgott. Asimismo, fue consolidando una identidad basada en el trabajo colectivo, la disciplina y la formación integral de sus integrantes, principios que continuaron orientando su desarrollo más allá de la etapa fundacional encabezada por Ricardo Blume.

Samuel Adrianzén, Julio Ortega y Ricardo Blume en los ensayos del montaje Pasos, voces, alguien… (1965) de Julio Ortega, dirigido por Ricardo Blume. Fotografía de autor no identificado. Fondo TUC. CEDARES.

Tras cinco años de experiencia formando actores y técnicos desde el TUC, sus directivos presentaron ante el Consejo Superior de la PUCP un proyecto para crear una escuela de teatro profesional. El documento sobre el Proyecto de apertura de la “Escuela de Teatro de la Universidad Católica”, del 08 de noviembre de 1966, sostenía que el grupo había alcanzado un nivel artístico difícil de superar bajo las condiciones existentes, pues estaba integrado exclusivamente por estudiantes universitarios que, al culminar sus carreras, debían abandonar la actividad teatral para dedicarse plenamente a sus profesiones, lo que obligaba al TUC recomenzar continuamente con nuevos integrantes sin experiencia.

Silvio de Ferrari, Maggie Zúñiga, Ricardo Blume en un evento por el aniversario del TUC. [ca.1966]. Fotografía de Hugo Carrión. Fondo TUC. CEDARES

La propuesta identificaba la constante renovación de sus integrantes como uno de sus principales desafíos para la consolidación del TUC. Frente a esa realidad, el proyecto planteó la creación de una escuela de teatro a nivel profesional que brindara formación técnica y cultural especializada, dignificara la profesión teatral y permitiera a la institución fortalecer su compromiso con las artes. El documento, incluso, proyectaba un horizonte mayor, la futura formación de una Facultad de Artes que reuniera Teatro, Artes plásticas, Música, Coro y Danza bajo una misma visión académica. Este proyecto no llegó a concretarse en ese momento, aunque la iniciativa sería retomada posteriormente y daría origen a la Facultad de Artes Escénicas.

Equipo de esgrima de la Pontificia Universidad Católica del Perú durante los preparativos para el Campeonato Sudamericano Juvenil a cargo de Salvatore Munda. [ ca.1966]. Fotografía de Fotos Becerra. Fondo TUC. CEDARES

Durante esos años, el TUC atravesó momentos decisivos. En 1967, se creó el Teatro de difusión para llevar montajes más allá de las salas tradicionales. El siguiente año, en 1968, representó al Perú en el Festival Latinoamericano de Teatro Universitario de Manizales con El centroforward murió al amanecer de Agustín Cuzzani, dirigido por Ricardo Blume. Ese mismo año afrontó el retiro de Ricardo Blume, cuya labor había marcado profundamente los primeros años de la institución. Lejos de significar una pausa, aquellos cambios impulsaron una nueva etapa de renovación.

Ruth Escudero, Luis Peirano, Gustavo Bueno y Enrique Urrutia en una escena del montaje 3 historias para ser contadas (1967) de Oswalgo Dragún, dirigido por Ricardo Blume. Fotografía de autor no identificado. Fondo TUC. CEDARES
Cuaderno de dirección de Ricardo Blume. Fondo Ricardo Blume. CEDARES.

Tras la salida del fundador, la institución continuó su trayectoria bajo la conducción de distintas generaciones de docentes y artistas formados en sus propias aulas. En 1969, se estableció una nueva estructura de dirección encabezada por sus propios integrantes y se inició una búsqueda estética orientada hacia las formas contemporáneas de creación teatral. Entre quienes asumieron las responsabilidades de dirección y gestión, destacan Luis Peirano, Clara Izurieta, Jorge Guerra, Alberto Isola, Roberto Ángeles y María Luisa de Zela, entre otros profesionales que contribuyeron a dar continuidad al proyecto durante las décadas siguientes.

Al año siguiente, el TUC volvió a destacar en el Festival de Manizales donde obtuvo el segundo premio con el montaje Peligro 50 mts. de  José Pineda y Alejandro Sieveking, bajo la dirección de Luis Peirano, reconocimiento que confirmó el prestigio alcanzado por el grupo en el ámbito latinoamericano. Finalmente, en 1971, la escuela celebraba una década de trabajo ininterrumpido, habían transcurrido 10 años desde aquel 22 de junio de 1961, en que un grupo de jóvenes decidió emprender una aventura teatral que con el paso del tiempo se convertiría en una de las experiencias culturales más significativas. En el ámbito universitario, se concretó así uno de los mayores logros, la creación del curso de teatro con valor universitario, un reconocimiento al esfuerzo sostenido de generaciones de estudiantes que habían hecho del teatro una parte esencial de su vida.

Nota de prensa del montaje Peligro 50 mts. (1970) de  José Pineda y Alejandro Sieveking, bajo la dirección de Luis Peirano. Álbum de recortes periodísticos TUC (1967-1983). p.15. Fondo TUC. CEDARES.

Los años ochenta estuvieron marcados por la madurez y un proyecto que comenzaba a ver reflejado sus esfuerzos en la escena teatral peruana. Mientras la Escuela de Teatro continuaba formando nuevas promociones de artistas, numerosos egresados impulsaron agrupaciones que renovaron el panorama escénico nacional, entre ellas: Ensayo, Alondra, Quinta Rueda, Telba, Retama, Teatro de la Ciudad, La Carreta, Rasgos y otros colectivos surgidos del calor de la experiencia compartida en el TUC. 

Fue un tiempo de consolidación y reflexión sobre su propia trayectoria, y permitieron reconocer el aporte de varias generaciones y actores, directores, escenógrafos y docentes que habían encontrado en el teatro, no solo en la profesión, sino también una forma de compromiso con la realidad cultural. A través de los montajes realizados por la Escuela de Teatro y de las celebraciones por sus bodas de plata en 1986, la institución revisó el camino recorrido desde su fundación y reconoció el aporte de quienes habían contribuido a construirla.

Alicia Saco y Violeta Cáceres momentos antes de salir a escena para el montaje de La gaviota (1980) de Anton Chejov, dirigido por Alberto Isola. Fotografía de autor no identificado. Fondo TUC. CEDARES

Los testimonios de Ricardo Blume, María Luisa de Zela, Violeta Cáceres, Enrique Urrutia y otros miembros de distintas generaciones coincidieron en destacar la disciplina, el trabajo colectivo y la vocación de servicio al teatro como valores fundamentales de su formación, reafirmando el compromiso por la dramaturgia peruana. Debido a esta trayectoria artística, el grupo recibió el reconocimiento de la Municipalidad de Lima, con la Medalla Cívica de la Ciudad de Lima, constituyendo un símbolo del lugar que el TUC había alcanzado, después de 25 años de labor ininterrumpida.

Nota de prensa de la Revista Caretas del 1 de diciembre de 1986. Álbum de recortes periodísticos TUC (1984-1992). p. 19. Fondo TUC. CEDARES.

Durante la década de 1990, el TUC continuó fortaleciendo su papel como espacio de formación, creación e intercambio cultural. La celebración de sus treinta años puso en evidencia la vigencia de un proyecto que había contribuido decisivamente al desarrollo del teatro peruano. En estos años, se impulsaron encuentros internacionales, como el Intercambio Teatral Peruano-Alemán, que promovieron el diálogo con nuevas metodologías y experiencias escénicas. Al mismo tiempo, la participación de sus estudiantes y egresados en festivales nacionales e internacionales reafirmó la proyección alcanzada por la institución, tres décadas después de su fundación, el TUC era reconocido como una comunidad artística en constante renovación, capaz de preservar la memoria de sus orígenes mientras abría camino a nuevas generaciones de teatristas.

Oscar Carrillo y Liliana Trujillo en una escena del montaje de La vida es sueño (1992) de Calderón de la Barca, dirigido por Alfonso Santistevan. Fotografía de autor no identificado. Fondo TUC. CEDARES

Los primeros años del nuevo milenio marcaron el inicio de una nueva etapa de renovación para el TUC. Tras décadas de funcionamiento en el Centro de Lima y luego de numerosos llamados de sus directores y fundadores para acercar la institución a la Universidad, en 2001, el TUC se trasladó al campus universitario, etapa orientada a la formación, la creación y la investigación teatral. Como parte de este proceso, la Escuela del TUC se transformó en el Centro de Formación Teatral CFTUC, iniciando así el camino de la formación profesional. A este periodo, están asociados los nombres de Violeta Cáceres, Celeste Viale, Alberto Isola y Jorge Guerra, artistas surgidos del TUC que retornan a la institución. Fue concebido para brindar una formación integral en la actuación, promover la puesta en escena de las obras del repertorio nacional e internacional, impulsar la difusión de sus producciones y fomentar la reflexión académica en torno a las artes escénicas. Posteriormente, en 2012, el TUC se incorporó a la Facultad de Artes Escénicas como la especialidad de Teatro.

Afiche del montaje La cantante calva (2004) de creación colectiva, dirigido por José Carlos Urteaga. Fondo del TUC. CEDARES

A sesenta y cinco años desde su fundación, el recuerdo del TUC permite reconocer una experiencia que acompañó durante décadas la formación artística universitaria. Es en esta suma de esfuerzos, memorias y legados donde reside una parte fundamental de la historia cultural del país. Recordamos no solo la trayectoria de una institución, sino también a quienes hicieron posible su existencia y crecimiento. 

Las instituciones perduran porque las personas las sostienen, las transforman y les dan sentido. En este proceso, quedan registrados aspiraciones, debates, logros, dificultades y decisiones que contribuyen a comprender el camino recorrido, pero también permanecen las experiencias, los afectos y los recuerdos compartidos, elementos indispensables para construir una historia en toda su dimensión al conmemorar un año más.

Fotografía grupal de miembros de la escuela en el evento por los 50 años del TUC (2011). Fondo TUC. CEDARES

Al recorrer su historia, resulta inevitable reconocer que no está compuesta únicamente por montajes, fechas e hitos institucionales. Está formada, sobre todo, por las personas que dedicaron su tiempo, su talento y sus convicciones a construir un proyecto cultural que ha trascendido generaciones. A lo largo de más de seis décadas, el TUC ha sido espacio de encuentro para estudiantes, artistas, docentes y gestores que encontraron en el teatro una forma de aprendizaje, creación y servicio a la comunidad. Algunos de ellos ya no están entre nosotros; otros conservan aún la memoria viva de aquellos años fundacionales. Sin embargo, todos forman parte de una historia colectiva que continúa proyectándose en el presente.

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