Por: Annia Flores, Asistente de Archivo de CEDARES

En las artes escénicas, la fragilidad de la memoria y el cuerpo manifiestan la necesidad de registrar las experiencias humanas en distintos soportes. Estos registros no surgen necesariamente con una intención de permanencia, sino como evidencia de la propia práctica artística y para atender necesidades inmediatas, como la difusión de los montajes, la promoción de las obras y su circulación en distintos medios. Esta particularidad añade una complejidad mayor al teatro, la danza y la performance, ya que se presentan en un tiempo y un espacio determinado.

Documentar una acción efímera no implica conservarla intacta, sino aceptar su transformación. El documento no reemplaza la experiencia, pero permite que permanezcan las evidencias, y las posibilidades de acompañarnos y conectarnos con la memoria colectiva. Incluso, cuando no se transforman o reutilizan directamente, siguen presentes como referencias simbólicas que influyen en la manera de comprender las artes escénicas.

Nos obliga a ampliar la mirada de la archivística tradicional, aunque los principios de procedencia y de orden original siempre serán fundamentales. Las experiencias artísticas pueden ser registradas en diversos soportes físicos y digitales, documentación textual, gráfica, sonora y audiovisual, que posibilitan aproximaciones al pasado. Sin embargo, cada soporte logra capturar únicamente una dimensión parcial de la experiencia escénica. Una vez terminada la función, el acontecimiento desaparece; únicamente, permanecen sus registros y sus vestigios documentales.

No permanecen inmóviles, sino que dialogan con el presente, funcionan como insumos para la investigación y la creación artística. Así, los enfoques archivísticos tradicionales dejan de ser completamente rígidos. Archivar implica decidir qué permanecerá y qué desaparecerá, abordando procesos de valoración documental y evidenciando la necesidad de preservar fragmentos de la historia frente al olvido.

En este contexto, la preservación de estas manifestaciones supone enfrentar desafíos asociados a su naturaleza transitoria y a la imposibilidad de conservar plenamente la experiencia escénica original. Las dificultades de preservar artes vivas radican, precisamente, en su carácter efímero y multidimensional. Al respecto, Pía Gutiérrez señala que estos acontecimientos no pueden archivarse de manera íntegra, pues aquello que permanece son apenas “los restos” de una experiencia escénica mayor (Gutiérrez, 2018, p. 87). Esta perspectiva permite comprender el archivo de artes escénicas no como un registro completo del acontecimiento, sino como una reconstrucción parcial de aquello que alguna vez ocurrió en escena. 

El descubrimiento de nuevos documentos o la relectura de los ya conocidos puede transformar, incluso de manera extraordinaria, las interpretaciones y los relatos considerados canónicos en determinado momento. En ese sentido, el trabajo con los documentos de archivo ha adquirido un carácter especialmente codiciado, pues su exploración permite construir nuevos objetos de estudio, poder articular distintas formas de conocimiento y configurar “nuevos archivos” (Rivière, 2022).

La memoria de las artes escénicas no se construye únicamente desde las instituciones, sino también a partir de los archivos personales, capaces de visibilizar trayectorias y experiencias poco representadas en los relatos oficiales. Una parte significativa de esta memoria proviene de los archivos personales de artistas, directores, actores, fotógrafos y gestores culturales, cuyos documentos complementan y amplían las narrativas. 

En el caso de los artistas, sus archivos constituyen una parte fundamental de su trayectoria y patrimonio documental, pues reúne materiales que difícilmente existirían en otros espacios de conservación, como cuadernos de dirección, anotaciones manuscritas, bocetos, correspondencia, fotografías inéditas, apuntes de ensayo y registros del proceso creativo. La preservación de estos fondos documentales responde, en ocasiones, al azar o a una voluntad intrínseca de posterioridad que protege estos materiales de las contingencias del entorno. Bajo esta lógica, documentos que originalmente carecían de valor permanente, tales como la correspondencia, borradores o otros registros, experimentan un proceso de resignificación y se institucionalizan, adquieren una nueva dimensión al integrarse a proyectos de archivo (Gutiérrez, 2018).

Más allá de los documentos y soportes que resguarda, el término archivo no se limita al conjunto de registros o unidades de información, sino que también constituye un recinto organizado bajo criterios y procesos orientados a la preservación y difusión del patrimonio documental. Actualmente, espacios como CEDARES conservan programas de mano, afiches, fotografías, registros audiovisuales y documentación vinculada con la gestión administrativa de los montajes. No obstante, gran parte de la memoria escénica continúa construyéndose a partir de fondos personales provenientes de donaciones. A partir de ello, la preservación deja de asociarse únicamente al resguardo restrictivo, permitiendo que distintas memorias dialoguen entre sí y construyan una mirada más completa. 

En las últimas décadas, ha surgido un interés creciente por rescatar, estudiar, digitalizar, reinterpretar y activar los archivos de artistas y creadores escénicos. Más allá de la conservación, estos archivos permiten establecer nuevas lecturas desde el presente, contextualizar experiencias pasadas y generar diálogos entre la memoria, creación e investigación. Estos documentos permiten reconstruir la historia escénica, y redescubrir artistas y prácticas culturales poco visibilizadas, propiciando espacios de creación y desarrollando investigaciones.

Fotografía del montaje La campana, una de las cuatro brevísimas piezas en un acto de la presentación Pasos, voces, alguien…(1995)de Julio Ortega, dirigida por Ricardo Blume e interpretada por Felipe Adrianzén y Luis Peirano, en los papeles de Vor y Rov, respectivamente. Fotografía de autor no identificado, perteneciente al Fondo TUC del CEDARES. 
Fotografía del fragmento del montaje La Campana de Julio Ortega, dirigido por Josué Castañeda e interpretado por Fausto Molina y Sebastián Manyari, durante la exposición Las artes escénicas en la PUCP (2025). Fotografía de Jun Ángeles, perteneciente al archivo del Departamento Académico de Artes Escénicas.

En virtud de ello, resulta necesario fortalecer una cultura archivística orientada a la valoración, organización, preservación y difusión de los documentos vinculados con las artes escénicas. Archivar no implica únicamente conservar documentos, sino también garantizar la construcción y transmisión de la memoria para las futuras generaciones. Las prácticas archivísticas y artísticas convergen en un propósito común: preservar la memoria, resistir el olvido y resguardar fragmentos significativos de la historia.

En esta línea, los archivos universitarios, en contextos vinculados con las artes escénicas, visibilizan las trayectorias artísticas y académicas que forman parte del patrimonio cultural institucional, fortaleciendo la memoria colectiva y el sentido de pertenencia dentro de la comunidad universitaria. Para las y los estudiantes, el archivo se convierte en una herramienta pedagógica que permite acceder a montajes realizados en distintas épocas, a través de diversos tipos documentales que enriquecen la formación artística, fortalecen la comprensión histórica de las prácticas escénicas y permiten comprender la tradición que los sustenta.  Por ello, la digitalización y el acceso abierto adquieren un papel fundamental al ampliar la posibilidad de difusión, consulta y reutilización documental, vinculando la preservación no solo con el resguardo, sino también con la circulación, activación y democratización de la memoria.

Archivar implica una dimensión ética que atraviesa todo el tratamiento archivístico, reconocer las autorías, los derechos y las memorias contenidas en cada documento, entendiendo que ningún registro existe de forma objetiva ni separada de su contexto. Conservar no es solo resguardar materiales; también es decidir qué relatos permanecen, cómo se narra el pasado y qué experiencias llegan a formar parte de la memoria colectiva. El archivo se vuelve un espacio de responsabilidad y de cuidado, donde también se juega la visibilidad de las trayectorias humanas que la constituyen.

Referencias:

Guitiérrez, P. (2018). Proyecto Arde. Investigación y colaboración en torno a las artes escénicas. Teatro: criação e construção de conhecimento, 6(1), 84–93. Laboratório de Pesquisa e Extensão em Composição Poética Cênica, Narratividade e Construção de Conhecimento (CONAC), Universidade Federal do Tocantins. ISSN 2357-710X. https://sistemas.uft.edu.br/periodicos/index.php/teatro3c/article/view/6907

Rivière, H. (2022). Archivos de arte y artes de archivo. Una introducción. Anales de Historia del Arte, 32, 17-26. https://dx.doi.org/10.5209/anha.83046

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